domingo, 12 de mayo de 2013

LEARNING FROM THE MASTER I: Antón P. Chéjov.



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Yo diría que los consejos de Chéjov son, más que admoniciones o imperativos, las distintas declinaciones que adopta una constatación nada alentadora: la de que el escritor es como un funambulista sin pértiga ni red. Está irremediablemente solo e ignora tanto la distancia que lo separa de su destino como qué es lo que le espera al llegar al otro lado. Si es que consigue llegar.

Dice:

1. Toma algo de la vida real y cotidiana, sin trama y sin final.

2. No pulir, no limar demasiado; hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es la hermana del talento.

3. Tacho sin piedad. Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

4. Las personas que escriben, y los artistas en particular, deben reconocer que en este mundo no hay modo de entender nada, como en su momento lo reconocieron Sócrates y Voltaire. La gente cree saberlo y comprenderlo todo; y cuanto más tonta es, más vasto parece su horizonte. Pero si el artista, al que la gente cree, tuviese el valor de afirmar que no comprende nada de lo que ve, demostraría un gran conocimiento y daría un gran paso en el campo del pensamiento.

5. El artista solo debe juzgar lo que comprende; su campo es limitado, como el de cualquier otro especialista: es algo que repito y sobre lo que insisto siempre. Solo quien no ha escrito nunca y no se ha ocupado nunca de las imágenes puede decir que en su esfera no hay problemas, solo respuestas. El artista observa, elige, intuye, asocia; ya de por sí esos actos presuponen, en principio, un problema; si desde el inicio uno no se plantea un problema, no tiene nada que intuir ni que elegir. […]
Confunde usted dos conceptos: la solución del problema y su planteamiento justo. Para el artista solo esto último es obligatorio.

6. Mi objetivo es matar dos pájaros de un tiro: retratar fielmente la vida y al mismo tiempo mostrar cómo se aparta de la norma. La norma me resulta desconocida, como a cada uno de nosotros. Todos sabemos en qué consiste una acción deshonrosa, pero no qué es el honor.

7. Le aconsejo que guarde el relato en un baúl un año entero y que al cabo de ese tiempo vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro.

8. Tengo en la cabeza un ejército de gente que quiere salir y espera una orden. Todo lo que he escrito hasta ahora me parece torpe en comparación con lo que querría escribir y escribiría con entusiasmo. […] ¿A qué llamo bueno? A las imágenes que me parecen mejores, que amo y guardo celosamente para no desperdiciarlas y malgastarlas. […] O soy un imbécil y un presuntuoso o bien un organismo capaz de convertirse en un buen escritor; en estos momentos todo lo que escriben los otros me desagrada y me aburre; en cambio, todo lo que tengo en la cabeza me interesa, me conmueve y me inquieta, por lo que deduzco que los demás no hacen lo que deberían y que solo yo conozco el secreto de lo que hay que hacer.

9. Para escribir un relato se requieren cinco o seis días, durante los cuales uno no debe pensar en otra cosa; en caso contrario, las frases no adquirirán nunca la forma adecuada. Antes de ponerla en papel, cada frase debe permanecer en la cabeza un par de días, para adquirir cuerpo. En realidad, yo mismo soy demasiado perezoso para atenerme a esa regla, pero como usted es joven se la recomiendo fervientemente.

10. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero, luego acórtela durante medio año y después publíquela. Usted lima poco, y un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel.

11. Soy cobarde y aprensivo; me dan miedo las prisas y, en general, publicar. […] He dado ya a la imprenta un quintal de cuentos y aún no sé dónde está mi punto fuerte y dónde mi punto débil.

12. Condiciones: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de los objetos; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad; rechazo de todo lo convencional; 6) espontaneidad.

DIETARIO ONÍRICO. Nazis






Noche del 9 al 10 de mayo de 2013 


Estoy dormido en nuestra cama de siempre. De repente me despierto y descubro que no es MC quien está acostada a mi lado, sino un hombre. Me dice que se le han aparecido en sueños “las mujeres violadas por los nazis”. “Eran cuatro y dejaron sus gorros aquí, sobre la cama. Detrás de ellas, se encontraban sus verdugos”. Mientras el hombre me cuenta su sueño, yo me lo represento con tal viveza que es como si tuviese ante los ojos la escena de la que me habla.


*ANTES EN EL 'DIETARIO ONÍRICO'.

sábado, 27 de abril de 2013

TENGO UNA CITA. Benjamin y los libros.

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"De todos los modos de procurarse libros, el más glorioso es escribirlos uno mismo. Más de uno de ustedes recordará con agrado la gran biblioteca que el pobre maestrito de escuela de Jean Paul, Wuz, logró reunir con el tiempo escribiendo para sí, ya que no podía comprarlas, todas aquellas obras cuyo título en los catálogos le interesaba. A decir verdad, los escritores son personas que escriben impulsados no ya por la carencia sino por la insatisfacción de los libros que pueden comprar pero que no les gustan. Seguramente ustedes, señoras y señores, dirán que esta es una definición exagerada de los escritores; pero todo lo que se dice desde el punto de vista de un verdadero coleccionista es una exageración. De entre los modos de adquisición habituales, el más apropiado sería, para él, el préstamo indefinido. El deudor de altos vuelos, tal como lo imaginamos, demuestra ser un coleccionista a toda prueba, no solo por el ardor con que defiende el tesoro de sus préstamos acumulados haciendo oídos sordos a todos los rutinarios requerimientos de la administración, sino también y sobre todo porque no lee. De creer en mi experiencia, que semejante personaje devuelva un libro prestado es posible alguna vez, pero que lo haya leído, ¡nunca! Así pues -me preguntarán ustedes- ¿lo propio del coleccionista es no leer libros? ¡Lo nunca visto! Pues bien, no. Los expertos podrán confirmarles que es lo más habitual, y basta recordar a este efecto la respuesta que Anatole France, de nuevo, tenía preparada para los beocios que, tras admirar su biblioteca, formulaban la inevitable pregunta:

- ¿Y ha leído usted todo esto, Sr. France?
- Ni la décima parte. ¿Acaso come usted todos los días en su vajilla de Sevres?"

[Extraído de Walter Benjamin, Desembalando mi biblioteca]

jueves, 25 de abril de 2013

DIETARIO ONÍRICO. Ascensor.






Noche del 12 al 13 de marzo de 2013

Espero el ascensor en lo que parece el descansillo de nuestro piso. El ascensor, sin embargo, tiene sobre la puerta uno de esos indicadores que señalan dónde se encuentra el aparato. En esos momentos está en la planta cincuenta y pico, pero en seguida da un brinco hasta la setenta y dos. Me llama la atención que el botón de llamada se ha hundido. De repente, por el lado izquierdo, surge una figura oscura (algo así como una sombra con consistencia de cuerpo) que me da una chiquenaude en la frente. Despierto sobresaltado.


FICCIONES. She’s an angel, I am the monster.





El Comisario está estribado contra el escaparate de una tienda cerrada, en una calle sin tráfico ni gente. Un viento leve le va arrancando la ceniza del cigarrillo que se le consume entre los labios agrietados. Transcurren algunos minutos. Cuando siente que la toba está a punto de quemarle los labios, la arroja sobre el polvo y la apaga de un escupitajo. Después se queda observando el esputo de color gris hasta que oye el ruido de unos pasos que se aproximan desde el otro extremo de la calle. Piensa: “si fuera alguien con ánimo de matarme, ya estaría muerto. Quiero decir: YO estaría muerto”. Piensa: “en otro tiempo, aquí debían de proliferar los seres, las cosas vivas. Pero ya no”. Piensa: “¿cuántas son tres por veintisiete? ¿Y por veintinueve?”. Y también: “siento retortijones. Tal vez sean los nervios, la excitación. Pero ¿nervios de qué? ¿Nervios por qué?”. La seca percusión de los pasos del extraño se hace sentir ahora muy cerca y su eco llena por completo cada rincón de la calle vacía. El Comisario piensa: “el crotoreo de las cigüeñas” y vuelve la cabeza hacia el lugar del que procede el sonido. Una figura difuminada por el sol que le queda a la espalda se acerca por la otra acera. El Comisario aprieta los párpados y, haciendo visera con la mano derecha, trata de determinar la identidad del caminante. Cuando casi lo tiene enfrente, repara en que es un hombre que porta un maletín de cuero raído y calza unas botas desgastadas de lo que parece piel de serpiente. Del interior del maletín sale un clic, clic, clic de hierros que chocan entre sí. El hombre se detiene al llegar a la altura del Comisario e imita su gesto: frunce los párpados y se cubre los ojos con la mano que tiene libre. Luego le saluda alzando ligeramente el mentón. Al Comisario le vienen vislumbres de recuerdo a la mente, retazos de descripciones, fotografías desvaídas que le dicen que conoce a ese tipo, que ya lo ha visto en algún lugar. Y entonces cae en la cuenta: esa figura espigada que lo observa desde el otro lado podría ser Tom. Cierto es que tiene un aspecto más avejentado de lo que él pensaba, que tiene el rostro afeitado y el cabello cortado casi al rape, que parece algo más magro que el Tom que él recuerda o imagina, pero con todo… El Comisario le devuelve el saludo y se diría que el otro lo interpreta como una invitación a aproximarse, de forma que, antes de que pueda darse cuenta, ya lo tiene apenas a un palmo de distancia. Durante unos instantes ambos se miran sin hablar, pero enseguida el hombre deja el maletín a sus pies y comienza a palparse los pantalones y la chaqueta de cuero en busca de no sé sabe muy bien qué. Por fin, extrae un arrugado paquete de cigarrillos de uno de los bolsillos de la camisa y le ofrece de fumar al Comisario. El Comisario lo rechaza con un gesto de la mano. “Acabo de tirar uno”, dice señalando la colilla circundada por un menudo halo de humedad, y el otro le replica con una media sonrisa esquinada. “¿Y fuego? ¿Tendría usted fuego?”. El Comisario se saca un chisquero plateado del bolsillo interior de la americana y le brinda la llama al extraño. Este la protege del viento con ambas manos y deja escapar un “gracias” por la comisura de la boca. Después echa hacia atrás la cabeza y expulsa el humo hacia lo alto. “Es como si aullase”, dice para sí el Comisario, mientras se guarda el encendedor y se queda observando la prominente manzana de Adán del hombre, los esternocleidomastoideos en tensión, la silueta de la carótida.  

miércoles, 10 de abril de 2013

DIETARIO ONÍRICO. Leones y elefantes.



Noche del 12 al 13 de marzo de 2013.   

Alguien está grabando uno de esos programas de viajes para la televisión. Oigo la voz del locutor (un extranjero, aunque habla en un perfectísimo español) que dice que es la primera vez que visita Málaga. Me encuentro echado en una cama, pero lo cama parece estar a la intemperie: sobre una terraza, tal vez, pues soy consciente de estar por encima del nivel de la calle. El presentador comenta que una gran masa de gente se ha reunido para asistir al espectáculo: hay una lucha encarnizada entre leones y elefantes. Dirijo la mirada hacia arriba y, en efecto, descubro los traseros oscilantes de media docena de elefantes que trastabillan sobre la cornisa del edificio. Cierro los ojos y noto cómo tiembla el suelo cuando, uno por uno, se van precipitando al vacío. Uno de ellos ha caído muy cerca. Descubro la presencia en la cama de algo blando y viscoso. No acierto a ver lo que es, pero SÉ que se trata de parte de sus vísceras.


martes, 2 de abril de 2013

OBSCENIDADES TURÍSTICAS. Paseando por Hibernia















1. Décadence 1 / 2. OW 1 / 3. OW 2 / 4. Just Bones 1 / 5. Just Bones 2 / 6. The Shadow of Death / 7. Melancholia / 8. Dublin's Fortune Teller / 9. Bloom is a cod / 10. B & W / 11. Kilkenny / 12. Décadence 2 / 13. Tom & Phil on Dawson St. / 14. Amusement / 15. Boyle as a Young Man / 16. Swift / 17. Bachaos.